dr carmona   Doctor Joseph Knecht

        Analítica Completa- 1217             24-05-2056

        Sujeto: Ectomorphi (A.L.Guillén)- antiguo ejemplar de ser escuchante, en su variante ectomórphica
        Objetivo: hallar relación entre esta primigenia cepa vírica y los seres oyentes actuales.

         Tras empezar a escuchar el disco ectomorfo de antonio luis "doc" guillén uno no puede por más que pensar: "normal que tocara solo". Pasada esta primera reacción, se empiezan a escuchar  en su ¿música? muchas voces (y no hablo de sus temas vocales), una polifonía de ideas,desdoblamientos de personalidad sonora, esquizofrenia del ruido, el doctor guillén se nos transforma en mr morphi, pero también en un leadbeally de  azulejos, un frithtiano excomulgado, un trozo de pan sobre la messiaen, un chorizo de funkinpalo con oración entreverada, un ebrio gamelancólico, un vliet con don, un huevo duro, que sean dos.
            Algo difícilmente descriptible con palabras, por eso obviaré los síntomas de este enfermo y me centraré en la observación de su enfermedad, con todas sus variantes sintomáticas.
            Ectomorphi polimorfo ignosticado, Con un cuadro patológico como éste, nuestra  primera reacción cobra aún más sentido, a la afirmación siguen la preguntas: ¿es este el fruto de nuestro tiempo, el hijo del siglo xx?, ¿nos enfrentamos a un resultado o a un error aislado de la evolución?, ¿habrá más como él?, de haberlos: ¿podrían llegar a hacer fuerza común con él y unificar en masa polimorfa sus polimorfas personalidades?, ¿procrearán estos bichos?, ¿dejarán su huella en el destino de la humanidad oyente?, ¿estamos aún a tiempo?
        Pero quien se tope con este ser debe tener claro que, como ser humano oyente, no puede sentirse responsable o culpable de cobijar en su entorno a tan extraño ejemplar. Hay más como él, es cierto, el peligro está ahí, pero un ser oyente no tiene por qué sentirse defraudado por ello, él no ha contribuido en su formación (¿deformación?), no ha prestado atención a sus sonidos multidimensionales, siempre se ha mantenido como guardián y devoto del sonido lineal, sin sobresaltos,impersonal, el que se oye y punto. Son otros enfermos, como nuestro sujeto, los que han alimentado durante más de un siglo su inquietud por embarrullar y tratar de expresar a través del sonido.
         Enfermos de la misma enfermedad que él sufrió antes de ensonociar el ambiente, enfermedad por suerte muy escasa y que si no se ataja a tiempo deviene en un  trastorno expresivo que suele terminar como en el caso que nos ocupa.  La enfermedad es la escuchancia, los enfermos los escuchantes, posibles escuchantes-expresantes, grado último de la sintomatología de la escuchancia.
         Para evitar esta enfermedad (contagiosa aunque en grado mínimo) lo más sensato es reafirmar (como se ha venido haciendo en los últimos 70 años, muy sabiamente) nuestra condición de meros oyentes y no darle más vueltas. No tener contacto con los sonidos (pasados o presentes) de estos enfermos es imprescindible para conseguirlo, porque tienen la capacidad de abrir oidos y mentes a complejas y enigmáticas estructuras sonoras que atacan directamente al cerebro, oradándolo hasta, si no se corta el flujo a tiempo, convertirlo en cerebro escuchante.
         Si pueden formar grupos de riesgo está por ver,tratándose el sujeto de estudio de una reliquia del pasado rescatada al presente por la nuestra tecnología aplicada a su pretecnología coetanea. Está claro que su sofisticación vírica es equiparable a la de nuestros enfermos actuales (por suerte quedan muy pocos, y su irradiación sonora podría resultar un acicate y un soplo de aire y energía para estos escasos enemigos de la simple oyencia que aún nos rodean.
         Nuestro ectomorphi polimorfo ignosticado es un caso perdido y un enemigo a batir por parte de los seres oyentes aún no contagiados, el que suscribe, por su parte no está a tiempo ya de escapar de la enfermedad dada la intensa radiación de sonidos ectomórphicos a la que se ha visto sometido, empieza a tener sensaciones terroríficamente parecidas a lo que se ha definido, por defecto, como escucha. Ya no oigo, eso está claro, siento la horrible pulsión de abarcar con mi mente lo que oigo al tiempo que lo dejo fluir desordenadamente interrumpiendo la fluidez lineal de los escasos buenos pensamientos que me quedan. La tan protectora uniformidad se desvanece
 de mi ser, creo que me queda poco tiempo para dejar de ser lo que...........era...... 


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